Con la finalidad de conocer el estado actual de los bosques patagónicos y valdivianos, Refugios Naturales solicitó a la Doctora Andrea C. Premoli, la actualización de la información generada por ella y un grupo de colaboradores, en el año 2005, para la Fundación Vida Silvestre Argentina.
Se vislumbra a través de su trabajo, la magnitud de los cambios geológicos que se produjeran hace alrededor de unos 20 millones de años, como el levantamiento de la Cordillera de los Andes, las glaciaciones del Pleistoceno y otras, que desencadenaran dramáticas transformaciones en la geografía, flora y fauna local. Por último, la Doctora Premoli señala, que el cambio climático podría estar afectando, de una manera aun no magnificada, el presente y futuro de los bosques cordilleranos.
Queda presentado entonces, el trabajo de los investigadores.
Situación geográfica
La Ecorregión de los Bosques Valdivianos y los bosques y ecosistemas asociados, se ubican entre los paralelos 35º y 48º de latitud sur en la Argentina, y abarcan las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, entre el límite con Chile y el meridiano de 70º de longitud oeste. Esta región se encuentra limitada naturalmente por el Océano Pacífico al oeste y sur, y una serie de ecosistemas áridos o semiáridos al este y al norte, por lo que es considerada como una isla biogeográfica (Armesto et al., 1995). Los bosques húmedos más cercanos se encuentran a casi 2.000 kilómetros en el noroeste y el noreste de la Argentina. Por otra parte, el Bosque Templado de Sudamérica Austral (BTSA), dentro del cual se incluye esta ecorregión, mantenía fuertes conexiones biogeográficas con otros bosques húmedos antes del levantamiento de los Andes y del enfriamiento de Sudamérica Austral hace unos 20.000.000 de años (Aizen y Ezcurra, 1998).
Eco ambientes distintivos
La Ecorregión de los Bosques Valdivianos es altamente heterogénea en términos de ambientes. La influencia de los vientos húmedos del Pacífico y el efecto sombra que produce la Cordillera de los Andes sobre las vertientes orientales en la Argentina, determinan un marcado gradiente de precipitación longitudinal. Así, a latitudes medias de 40° de latitud sur y a lo largo de escasos 80 kilómetros, la precipitación varía de 3.000 milímetros en los Andes, a menos de 500 milímetros anuales en la estepa patagónica. Existe también un marcado gradiente térmico no solamente latitudinal a escala de paisaje, sino también a escalas reducidas de cientos de metros a lo largo de gradientes altitudinales. Esta heterogeneidad en el medio físico alberga distintos tipos de bosque, y éstos, de norte a sur, son:
el bosque templado cálido, cuyos elementos característicos son las especies caducifolias roble pellín y raulí (
Nothofagus obliqua y
N. alpina, respectivamente), juntamente con la araucaria o pehuén (
Araucaria araucana).
- la selva valdiviana, que alberga la mayor riqueza de especies y que consiste en elementos neotropicales y australes; por ejemplo las cupresáceas longevas como el alerce y el ciprés de las guaitecas (Fitzroya cupressoides y Pilgerodendron uviferum, respectivamente) son dos elementos arbóreos característicos;
- el bosque templado, dominado principalmente por la siempreverde coihue (Nothofagus dombeyi) que en áreas más húmedas coexiste con las coníferas de la familia de las Podocarpáceas, comúnmente denominadas mañío macho y hembra, respectivamente (Podocarpus nubigena y Saxegothaea conspicua), mientras que en zonas ecotonales con la estepa y los bosques abiertos coexiste con el deciduo ñire (Nothofagus antarctica) y el ciprés de la Cordillera (Austrocedrus chilensis);
- el bosque magallánico, cuyos elementos característicos son el siempreverde guindo (Nothofagus betuloides) y las deciduas lenga y ñire (Nothofagus pumilio y N. antarctica).
La ecorregión valdiviana ha sido afectada por diferentes eventos históricos. En particular, las glaciaciones ocurridas durante el Pleistoceno impactaron sobre las especies, modificaron las presiones de selección y los rangos de distribución, y produjeron, en algunos casos, la extinción
local de sus poblaciones (Premoli et al. 2000). Ciertos datos de polen fósil, indican que en el sur de Chile habrían existido zonas libres de hielo en las que especies valdivianas habrían sobrevivido durante el UMG –Último Máximo Glaciar– (Villagrán, 1991). Además, el uso de marcadores genéticos facilitó el análisis de patrones de distribución de la variación genética en poblaciones naturales y, a partir de ellos, la posibilidad de reconstruir la huella de procesos ocurridos en el pasado. Así, áreas de elevada diversidad genética son reconocidas como potenciales refugios durante las glaciaciones.
Por otro lado, aquéllas empobrecidas genéticamente marcan rutas de desplazamiento post glaciario, debido a “cuellos de botella genéticos” ocurridos durante el proceso migratorio. De esta forma, diferencias genéticas significativas encontradas entre poblaciones de alerces indican la existencia de refugios glaciarios ubicados sobre diferentes vertientes de los Andes (Premoli et al., 2000 a). Posteriormente, otros estudios que utilizaron variados marcadores genéticos han confirmado la existencia de refugios glaciarios que se distribuyen al oeste y al este de los Andes para distintas especies leñosas (Donoso et al., 2004).
Cambio climático
Si bien es escasa la información sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas de la ecorregión valdiviana frente a los cambios antropogénicos en el clima y la atmósfera, existen algunos estudios preliminares y una detección de tendencias que ayudan a avizorar posibles amenazas.
Una de las tendencias climáticas detectables en el norte de la Patagonia es el aumento en las temperaturas medias de verano, a partir del año 1977, de aproximadamente 0,8°C con respecto al período 1938-1976 (datos de Estación Aeropuerto Bariloche). Estos incrementos en la temperatura estarían relacionados con una más frecuente incursión de masas subtropicales en el norte de la Patagonia desde el noreste. Un análisis de los eventos de fuego iniciados por rayos en los cuatro parques nacionales del norte de la Patagonia indica que, si bien la ignición por rayos representa solamente el 16,4% del área quemada, el número de igniciones por rayo/década relacionadas a estas incursiones de masas húmedas e inestables se triplicó entre los períodos 1938-1976 y 1977-2004 (Kitzberger, 2003).
Estudios experimentales y dendroecológicos sugieren que los procesos de regeneración arbórea en áreas ecotonales podrían verse impedidos a causa de los veranos excesivamente cálidos. Se ha registrado una ausencia de regeneración del ciprés en áreas de estepa durante la década del 80 (Villalba y Veblen, 1997), y se ha señalado que los procesos de facilitación en el establecimiento del ciprés por arbustos no funcionarían en períodos cálidos y/o de sequía (Kitzberger et al., 2000 a).
.
Este artículo es un extracto del apartado “Situación ambiental de los bosques patagónicos”, realizado por los Doctores Andrea C. Premoli, Marcelo A. Aizen, Thomas Kitzberger y Estela Raffaele Laboratorio Ecotono, Universidad Nacional del Comahue, que integra el trabajo editado por la Fundación Vida Silvestre Argentina “La situación ambiental Argentina 2005”.
Este extracto, ha sido revisado y actualizado para Refugios Naturales, por la Doctora Andrea C. Premoli, y autorizada su publicación por la Fundación Vida Silvestre Argentina.
.
Walter Raymond – Refugios Naturales
.