Las lagunas costeras de la costa atlántica uruguaya, son ecosistemas altamente dinámicos y ecológicamente complejos. Se caracterizan por ser extensos cuerpos de agua de escasa profundidad y separados del mar por una barra arenosa. La eventual apertura y cierre de esta barra, por factores naturales, producen variaciones de salinidad que le otorgan una alta diversidad biológica.
Los procesos geológicos que favorecieron la formación de esta serie de lagunas, se iniciaron hace aproximadamente unos 6.000 años, con hundimientos locales y levantamientos costeros de origen tectónico, finalizando este proceso con la estabilización del nivel del mar hace aproximadamente unos 2500 años. Los ecosistemas que allí se han constituido, representan áreas de gran relevancia para la conservación.
En la cuenca atlántica uruguaya, que ocupa unos 9.266 kilómetros cuadrados, se encuentran las principales lagunas costeras y de mayor tamaño del país, José Ignacio, Garzón, Rocha, Nutrias, Castillos, Negra y Merín, algunas de las cuales tienen conexión directa (natural o artificial) a través de la barra con el océano.
La Barra, un componente fundamental del ecosistema
Se denomina barra, al cordón arenoso paralelo al mar que represa el agua proveniente de varios arroyos que drenan desde las sierras de la región, formando así las lagunas. Por lo tanto la barra, es uno de los puntos de mayor fragilidad del ecosistema y sostenedor, de alguna manera, de todo el ecosistema.
Este estrecho cordón, eventualmente puede romperse básicamente bajo dos circunstancias que pueden presentarse asociadas; cuando existe un alto nivel de agua dentro de la laguna debido a la abundancia de lluvias en toda la cuenca, y/o a fuertes vientos del Suroeste con potente oleaje marino.
Este proceso de apertura y cierre es natural, pudiendo la barra permanecer abierta o cerrada en diferentes épocas del año y por períodos de tiempo variables.
Un paraíso de biodiversidad y ambiente
Esta apertura y cierre de la barra, provoca un intercambio de agua dulce y salada, nutrientes y organismos vivos, que representa la clave para el desarrollo de especies propias del ecosistema, y el ingreso de especies como la corvina negra (Pogonias cromis), corvina blanca (Micropogonias furnieri), pejerrey (Odontesthes argentiniensis), lacha (Brevoortia aurea), anchoa (Lycengraulis grossidens), lisa (Mugil liza), lenguado grande (Paralichthys orbignyanus), bagre negro (Rhamdia quelen), sabalito (Cyphocharax voga), dientudo (Oligosarcus hepsetus), camarón rosa (Farfantepenaeus paulensis) y cangrejo sirí (Callinectes sapidus).
Las aves, esa riqueza de color y sonidos
Se estiman en unas 220 las especies de aves que habitan el ecosistema o lo utilizan en sus migraciones. En la Laguna de Rocha las más abundantes son el cisne de cuello negro (Cygnus melanocorypha) y el ganso blanco, (Coscoroba coscoroba).
Eventualmente también se hacen presentes gaviotines, rayador (Rhynchops niger) y aves migratorias como chorlo pampa (Pluvialis dominica), chorlito doble collar (Charadrius falklandicus), playerito rabadilla blanca (Calidris fuscicollis), vuelve-piedras (Arenaria interpres) y playerito canela (Tryngites subruficollis).
En la Laguna de José Ignacio se destacan la gaviota cangrejera y (L. atlanticus) becasa de mar (Limosa haemastica) siendo ambas especies amenazadas. El flamenco (Phoenicopterus chilensis) y la espátula (Ajaia ajaja), son otras dos especies comunes en las lagunas costeras especialmente en las de Rocha, Castillos, Garzón y José Ignacio, habitando sus zonas costeras salinas.
Para la Laguna Negra y los bañados de Santa Teresa se destacan especies como el chajá (Chauna torquata), cuervillo de cañada (Plegadis chihi), cisne de cuello negro, ganso blanco y pato picazo (Netta peposaca).
Durante el verano se pueden observar aves migratorias neárticas provenientes del hemisferio Norte (Estados Unidos y Canadá), mientras que en invierno la laguna recibe aves neotropicales que migran desde el Sur del continente (Tierra de Fuego y Sur argentino), utilizando ampliamente los pastizales y praderas de los alrededores.
Flora autóctona
La concentración de sales del ambiente por la fuerte influencia marina, origina una cobertura vegetal de característica salina. Próximo a la playa está presente el Pasto dibujante, Redondita de agua y Margarita amarilla, y en las depresiones dunares el Junco de copo. En la costa Oeste, la más alejada del mar, se desarrolla una formación con Espartillo, denominada bañado salino o cangrejal.
Se destaca el particular bosque psamófilo de aspecto achaparrado, adaptado a las condiciones de suelos arenosos, pobres en nutrientes y fuertes vientos, compuesto por cactáceas (cereus y opuntia), árboles y arbustos como la espina de la cruz, coronilla, molle, palo de fierro entre otros.
Una fauna singular
En la costa arenosa es posible observar el sapito de Darwin, característico de las zonas costeras uruguayas, hoy restringido a áreas naturales costeras; también lobitos de río, zorros, carpinchos, tucu-tucus, lagartijas de arena y tortugas.
Cambio climático y otras acechanzas
La elevada presión inmobiliaria, el crecimiento de los asentamientos humanos en sus cercanías, las actividades productivas humanas sin regulación, la introducción de especies y el clima, se podría decir que son en su conjunto, las principales amenazas a la preservación de estos valiosos y únicos espacios naturales.
Entre las variables sobre las que se puede influir positivamente, esta el actual desarrollo del proceso de incorporación de áreas naturales al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), que incluye amplias superficies de estos ecosistemas, lo cuál con un manejo adecuado, posibilitaría la creación de ambientes estables e intangibles para el desarrollo de su biodiversidad.
Por otra parte, tenemos la hipótesis de modificación del clima a nivel mundial que podría generar dramáticas modificaciones en estos ecosistemas. Dichos estudios ha sugerido que el comportamiento general de estos sistemas, se puede ver afectado por el régimen de lluvias local, impactando sobre la composición y dinámica del fitoplancton.
Por lo tanto, es posible esperar que cambios climáticos a largo plazo, afecten directamente a esta comunidad y consecuentemente la productividad del sistema. El patrón de lluvias de la costa atlántica Sur del continente está fuertemente acoplado con el ciclo de El Niño (El Niño-Southern Oscillation).
Esto puede ser relevante para las lagunas costeras, ya que se predice un descenso en el flujo de los ríos de la región Sur del continente para la próxima década, lo que modificaría el régimen de apertura y cierre de las barras y afectaría la productividad general de estos ecosistemas.
Un llamado de atención
Como se puede apreciar claramente en esta situación, la preservación de un ecosistema solo es posible cuando se protege a todos y cada uno de sus componentes, desde los seres microscópicos hasta los grandes mamíferos, debido a la interacción entre todos y cada uno de sus componentes.
Las modificaciones, que por diversos factores pudiera sufrir el fitoplancton de las lagunas costeras, y que por las razones que fueran, no pudiéramos o quisiéramos detener o mitigar, probablemente nos llevarían a perder este pequeño paraíso costero, generando en consecuencia migraciones humanas y serias consecuencias económicas y sociales.
Estamos a tiempo.
Refugios Naturales agradece la gentileza de la Fundación Amigos de las lagunas costeras de Rocha a través de Irene Cardoso, quién suministrara los documentos científicos y autorizara las imágenes sobre los que se elabora esta nota. “Bases para la Conservación y el Manejo de la Costa uruguaya” R. Menafra, L. Rodríguez-Gallego, F. Scarabino y D. Conde (2006). Capítulo: “Procesos estructuradores de las comunidades biológicas en lagunas costeras de Uruguay” por Sylvia Bonilla, Daniel Conde, Luis Aubriot, Lorena Rodríguez Gallego, Claudia Piccini, Erika Meerhoff, Laura Rodríguez Graña, Danilo Calliari, Paola Gómez, Irene Machado & Anamar Briítos.
Walter Raymond – Refugios Naturales